Aunque sigue habiendo muchas personas que sufren, todos los estudios estadísticos indican que, de manera global, la salud de los seres humanos ha mejorado extraordinariamente en los últimos 70 años, y este hecho se refleja, de manera muy contundente, en la evolución del valor de la esperanza de vida.

En 1950 la esperanza de vida en España era de 62,10 años, 59,81 para los hombres y 64,32 para las mujeres. El último estudio del INE corresponde a 2017 y confirma la espectacular evolución de este dato: 83,09 años para ambos sexos, 80,37 para los hombres y 85,73 para las mujeres. En menos de 70 años hemos ganado 19 años de esperanza de vida, más de uno cada 4 años.

Y es que la mitad del siglo XX marca el inicio de un período de extraordinario progreso estrechamente relacionado con los avances científicos y con el modo de entender la salud. La OMS, fundada en 1948, estableció una definición revolucionaria: la salud es un estado de bienestar físico, mental y social, completo, y no solamente la ausencia del dolor o de la enfermedad. Por lo tanto, estar sano, sentirse sano, es gozar de un bienestar que abarca todas las facetas del desarrollo humano.

Desde esta visión, y gracias a los enormes progresos que ha hecho la ciencia aplicada a la salud, se han conseguido hitos impresionantes. Algunos de los más relevantes han sido:

  • El descubrimiento de los vacunas, los antibióticos y los antivirales han evitado la infección y han facilitado la curación de muchas enfermedades altamente mortales o incapacitantes.
  • Los avances en diagnóstico por la imagen como la tomografía axial computerizada (TAC) y la resonancia magnética nuclear (RMN) permiten detectar de manera precisa alteraciones físicas y funcionales y aplicar los tratamientos específicos y adecuados.
  • Los diagnósticos precoces del cáncer y las terapias personalizadas y focalizadas en las células alteradas aumentan la efectividad y reducen los efectos no deseados de modo que están convirtiendo esta enfermedad en curable o crónica, en un porcentaje de casos que no para de crecer.
  • Las técnicas de trasplantes de órganos se han convertido en intervenciones quirúrgicas rutinarias, especialmente en el caso de determinados órganos, con un elevado nivel de éxito y un mínimo de rechazos y de efectos secundarios adversos.

Actualmente, según los expertos, se puede aventurar que la esperanza de vida seguirá aumentando, probablemente hasta los 120 años. El poderoso conjunto de tecnologías de la información que está en desarrollo va a tener un papel decisivo. Vamos a ver algunas de estas extraordinarias tecnologías digitales y sus aplicaciones básicas.

INTELIGENCIA ARTIFICIAL

Aplicaciones de voz

La voz es el privilegiado medio de comunicación que poseemos los seres humanos y nos permite comunicar una amplia gama de conceptos, ideas, sentimientos y emociones. Es fácil, natural, cómodo y absolutamente intuitivo y todas estas ventajas son las que pueden explotarse tecnológicamente.

Los asistentes de voz como Alexa, que está incorporado a Echo, el dispositivo de Amazon, son softwares programados para captar e interpretar mensajes de voz y producir la respuesta adecuada. Se abre así un amplio abanico de posibilidades en el ámbito de la salud.

Para las personas que padecen limitaciones de movilidad o que ven reducida su capacidad de reacción, la voz puede ser el único medio para comunicar una necesidad o una urgencia a una central de asistencia médica de emergencias, a través de Alexa.

Un asistente como Alexa puede, también, satisfacer dudas y orientar a los usuarios en aspectos sanitarios básicos, reduciendo el colapso de las consultas en los centros de salud.

Los asistentes de voz pueden programarse para accionar mecanismos como persianas, camas, televisores.. servicios que ahora implican a los asistentes sanitarios que, liberados de estas tareas inespecíficas, pueden dedicar más tiempo, y de mejor calidad, a los tratamientos sanitarios.

La interacción mediante la voz ya se aplica en algunos centros hospitalarios como en el  Cedars-Sinai Medical Centre de Los Ángeles que está en la etapa piloto de un programa que ha incorporado dispositivos Amazon Echo, con Alexa, en aproximadamente 100 habitaciones de pacientes. Está resolviendo las peticiones básicas de los pacientes así como aquellas que les hacen la vida más cómoda (poner música, apagar o encender la televisión, cambiar de canal, preguntar por resultados deportivos…).

En una segunda fase, está previsto que se establezca contacto con áreas no médicas del hospital para tareas como solicitar alimentos o transporte en silla de ruedas.

Reconocimiento de imágenes y patrones

La IA es mucho mejor que los humanos detectando patrones que se repiten, por ejemplo, en imágenes como radiografías, resultados de escáneres o de TACs.

La detección de tumores de mama establece, en muchos protocolos, una doble interpretación de las imágenes por parte de dos expertos diferentes. Es una medida que pretende mejorar el diagnóstico y reducir los errores.

Una compañía de software del Reino Unido está aplicando técnicas de deep learning, en el cribado de cáncer de pecho mediante la lectura de las mamografías. El objetivo es que un dispositivo pueda leer, de manera independendiente al personal sanitario, las imágenes de las mamografías, lo cual permitirá agilizar el diagnóstico, algo fundamental para la detección precoz, a la vez que contribuirá a aliviar la carga de trabajo del personal sanitario.

Por el momento, se ha comprobado que, además, aporta una mayor precisión en la detección porque reduce el número de falsos positivos y falsos negativos, con la consiguiente eliminación de pruebas complementarias que se hacen innecesarias.

Análisis predictivos

El control y el seguimiento de la salud de las personas genera una extraordinaria cantidad de información. Las historias clínicas de los pacientes, los resultados de sus pruebas médicas, las prescripciones que se les indican, son una enorme base de datos que, adecuadamente compilados y tratados, pueden ayudar a una toma de decisiones fundamentada respecto a la optimización del uso de los recursos y a mejorar la respuesta clínica.

El uso de Big Data aplicado a análisis predictivos va a ser fundamental. Mediante el deep learning, el servicio Nacional de Salud del Reino Unido, utilizando datos recopilados a lo largo de la vida de personas mayores, ha elaborado modelos predictivos respecto a la salud de este colectivo. Utilizando un índice de fragilidad calculado a partir de los datos recogidos, está detectando, de manera proactiva, a aquellas personas que pueden vivir situaciones de mayor riesgo, para decidir qué tipo de tratamiento preventivo se les puede aplicar, así como, para establecer las previsiones adecuadas de los recursos que este colectivo va a requerir para una correcta atención.

El análisis predictivo también puede identificar un deterioro fisiológico inesperado y predecir la evolución de pacientes hospitalizados; permite también proponer tratamientos específicos ajustados a las particularidades de cada caso gracias al deep learning.

El registro digital de los datos sanitarios no está todavía generalizado pero, cuando por fin sea efectivo, además de los beneficios antes mencionados, generará importantes mejoras en la coordinación de los diferentes servicios especializados y en los procesos clínicos y administrativos, redundando en una sanidad más económica y más eficiente.

INTERNET OF THINGS

Dispositivos ‘Wearables’

Hablamos ahora de los dispositivos que se aplican sobre el cuerpo. Es un tipo de tecnología que ya está presente en nuestra vida cotidiana; es el caso de los relojes o pulseras que utilizan los aficionados al deporte para controlar sus constantes vitales o el progreso de su actividad física.

Los dispositivos wearables son ideales para aplicar en el ámbito de la salud. Los diseños son cada vez más cómodos y ergonómicos lo que facilita la promoción de su uso entre los pacientes.

Ya existen dispositivos capaces de realizar un chequeo general del cuerpo o de controlar variables especialmente importantes para personas afectadas de determinados trastornos. Hay pulseras que permiten conocer el nivel de glucosa, muy útiles en el caso de niños diabéticos que, de este modo, evitan “pincharse”. Se han desarrollado dispositivos que detectan las señales previas a un ataque en las personas que sufren epilepsia.

Existen camisetas inteligentes, que miden los parámetros de la actividad cardíaca especialmente indicadas para personas que sufren patologías del corazón, o capaces de detectar el nivel de monóxido de carbono del aire, un dato importante para las personas con insuficiencias respiratorias, que pueden así evitar ambientes especialmente contaminados.

Estos dispositivos contienen, además, la función de alertar, en tiempo real, al personal sanitario.

También se basan en esta tecnología los sensores que se adhieren al cuerpo en forma de parches desechables que transmiten los datos a un servicio de supervisión médica, y, en un paso más allá, existen ya tatuajes electrónicos, desarrollados por científicos de la Universidad de Tokyo, que monitorizan los signos vitales del paciente.

VR/AR (Virtual Reality / Augmented Reality)

Experiencias inmersivas

Las aplicaciones médicas de la VR y la AR se han estudiado desde hace décadas en relación con la salud mental. En los estadios iniciales, se aplicaban con el objetivo de reducir las sensaciones de dolor y de angustia de pacientes que sufrían quemaduras y heridas dolorosas, y se utilizaban para evitar que concentraran su atención en el origen de su sufrimiento distrayendo su atención. Progresivamente, estas aplicaciones se han ido extendiendo y perfeccionando.

En el campo de la salud mental, la realidad virtual permite recrear cualquier situación o entorno y utilizarla con fines terapéuticos, bajo el control de un especialista, y sin generar peligro para el paciente. De este modo se tratan problemas de relación social o trastornos psicológicos, como ansiedad, traumas o fobias. La recreación permite modular con detalle el estrés al que se someterá el paciente facilitando su adaptación progresiva a ese entorno que le resulta problemático.

También representa un gran avance en el ámbito formativo porque, durante su preparación, los cirujanos pueden ejercitarse en intervenciones virtuales. Incluso, ante una operación real muy arriesgada, se puede realizar un simulacro previo recreando fielmente al paciente y sus circunstancias reales, a partir de imágenes de su diagnóstico, de modo que la experiencia virtual confiere un mayor grado de seguridad a la intervención real.