El reto
Una entidad de gestión de derechos musicales liquida regalías a sus titulares en plazos fijos comprometidos por contrato. A medida que crecen el catálogo y el número de clientes internacionales, todo el proceso —recoger los usos, identificar las obras, calcular lo que corresponde a cada titular y facturarlo— deja de poder sostenerse con herramientas dispersas. Y una parte crítica, el reporte de la música ejecutada en conciertos y directos, seguía haciéndose a mano en hojas de cálculo.



